El claustro académico de la duodécima generación fue una instancia única e irrepetible de crecimiento y conexión. En este espacio, el Coaching Ontológico se manifestó en su forma más pura: a través de la vivencia directa y el trabajo sobre la propia coherencia.
En este registro fotográfico, podemos observar el compromiso de los alumnos de la G12 con su proceso de certificación, habitando cada espacio con una apertura y entrega admirables. Este claustro no solo entregó herramientas técnicas, sino que permitió a cada integrante reconocer su propio potencial transformador, preparándolos para ser agentes de cambio conscientes y efectivos en el mundo de las organizaciones.












