La décimo tercera generación vivió su claustro académico como una verdadera inmersión en las distinciones del Coaching Ontológico. Este espacio, diseñado para el trabajo vivencial, permitió a cada estudiante poner a prueba sus juicios y expandir su capacidad de escucha en un entorno de seguridad y respeto.
A través de las dinámicas de corporalidad y los espacios de reflexión colectiva, la Generación 13 logró consolidar herramientas críticas para su certificación. Este registro captura la energía de un grupo que no solo buscó el conocimiento técnico, sino que se atrevió a vivir el proceso de transformación en primera persona, entendiendo que para liderar a otros primero debemos ser dueños de nuestra propia coherencia.










